Cooperativa Palo Alto: Viviendas de altura.

Aproximaciones a distintas maneras de hacer vivienda.

Por: Luis Gil

Cuando era estudiante de arquitectura, mi profesor de Taller de Proyectos dijo en una ocasión que el edificio conocido como “El pantalón” es bonito, pero que quién sabe a qué le hacía un marco, refiriéndose al gran gesto de encuadrar “nada” con monumental edificio. Para él, el majestuoso marco de concreto blanco no tiene sentido, pues detrás tiene sólo un muro de contención; responde más a un capricho de diseño que a otra cosa.

Cuando acabaron El pantalón, los grandes corporativos que ocupaban los niveles más altos del edificio se percataron que al mirar hacia abajo veían uno de esos barrios de “malandrines”, con azoteas llenas de tendederos, tinacos descubiertos, viviendas inconclusas y demás; era una vista inaceptable para un corporativo de esa “clase”. Claro que el barrio no era de “malandrines” y por supuesto que nada de esa vista es feo, sólo que muchas veces los empresarios no entienden de esas cosas; decidieron que tenían que hacer algo para tener una vista más “agradable”.

Fotografía actual de Palo Alto

Fotografía actual de Palo Alto.
Fotografía: Livia Radwanski (2016).

Primero ofrecieron comprar las tierras, probablemente para hacer otro edificio de oficinas “más bonito”, a lo que los vecinos obviamente se negaron, pues como dice el bueno de Miguel de Cervantes “Siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos”, o dicho de otra forma: cada uno tiene sus gustos; por eso hay ferias. Después de verse frustrados en su primera ocurrencia, seguramente después de varias ofertas millonarias a las que cualquiera habría aceptado sin pensarlo dos veces, los grandes empresarios resolvieron que lo único que quedaba por hacer era apoquinar para darle una manita de gato a las casas y ponerle teja a los techos.

Los empresarios ni se imaginaron que trataban con la Cooperativa Palo Alto, la cooperativa de vivienda más antigua de México, que fue establecida en una mina de arena agotada por sus antiguos trabajadores. Las familias de Palo Alto abarcan tres generaciones; los jóvenes siguen involucrados en la defensa de sus tierras de los especuladores de bienes raíces. Desde los años setentas la cooperativa está en pie de lucha para conservar las tierras que habitan y que tanto trabajo les costó conseguir.

Primer logotipo de la Cooperativa Palo Alto S.C.V.U.P.A

Primer logotipo de la cooperativa. El acrónimo en este logotipo S.C.V.U.P.A, representa la “Sociedad Cooperativa de Vecinos Unidos en Palo Alto.”
Cortesía de Fabiola Cabrera.

Una tarde de viernes, Pablo Landa, curador del pabellón de México en la Bienal de Venecia 2016, nos invitó a una junta con Fabiola y Luis Márquez, una pareja de la Cooperativa Palo Alto con la que trabajamos a lo largo del proceso del pabellón mexicano. El objetivo de la visita era decidir de qué manera se representaría la cooperativa en la exposición.

Palo Alto es un lugar extraño, diferente a lo que uno esta acostumbrado en esta ciudad. Un espacio entre el hotel de paso Palo Alto —en el kilómetro 14 de la carretera México – Toluca— y El pantalón; uno nunca acaba de entender cómo la voraz industria inmobiliaria no ha desplazado a la cooperativa para hacer un centro comercial o algún desarrollo de lujo como los de los alrededores. Las casas son sencillas, sobre todo en comparación con su contexto, y a pesar de que todas están diseñadas bajo el mismo esquema progresivo, son muy distintas entre ellas. El contraste con las colonias aledañas es más que evidente. La gente de Palo Alto es inusualmente amable (para la zona) y tiene una vida y un ritmo totalmente diferente al que se vive a tan solo un par de metros. Esta confusión con la que uno entra se pierde poco a poco después de un par de vueltas y sobre todo cuando conoces a Luis y Fabiola, habitantes de Palo Alto.

Fotografía antigua de Palo Alto

Fotografía antigua de contexto y pie de casa.
Cortesía de Fabiola Cabrera.
Diagramas de crecimiento progresivo en Palo Alto
Diagramas de crecimiento progresivo.
Realizados por Luis Gil

Mi primera visita a casa de Luis y Fabiola duró horas. Llegamos de día y salimos de noche. Nos enseñaron el material que habían guardado como una especie de archivo de la cooperativa —credenciales, fotos, recibos— y nos contaron un montón de historias de Palo Alto. De pronto la merienda estaba lista, y como si ese fuera el propósito de la visita, nos dieron de cenar delicioso.

Fabiola y Luis nos platicaron que antes de crear la cooperativa, sus futuros miembros vivían primero en las minas en las que trabajaban; pagaban una renta mensual por el derecho a vivir en unas pequeñas casas de terrón. Las monjas Ursulinas del Colegio Merici, una escuela privada a tan solo unos pasos de Palo Alto, les daban clases a los cooperativistas. Y fue por estas monjas que conocieron al padre Escamilla, quien comenzó a instruir a los mineros sobre sus derechos y posibilidades de producir una vivienda habitable. Gracias a Escamilla se organizó la comunidad. Una vez organizados, los mineros disputaron las tierras en un juicio, donde se dio el fallo definitivo para que pudieran permanecer en el terreno.

A pesar de que habían ganado el juicio, los vecinos de Palo Alto estuvieron rodeados durante días por granaderos que intentaban desalojarlos. Al parecer los antiguos dueños de la mina no estaban nada contentos con la decisión del juez, ni tampoco les pareció que los mineros, que alguna vez trabajaron para ellos, se quedaran con la tierra que alguna vez les perteneció.

Varios de los mineros eran iletrados y en vez de firmar sus tarjetas de identificación las estamparon con su huella digital. Fabiola y Luis tenían guardadas las credenciales de los primeros miembros de la cooperativa. Para exhibir en el pabellón mexicano se seleccionaron las identificaciones de los cooperativistas que aún siguen vivos.

Una vez establecida la cooperativa, se construyeron las viviendas de forma colaborativa usando un esquema de crecimiento progresivo diseñado y pensado para que las viviendas tomaran forma poco a poco. Las nuevas casas se rifaban entre las familias. Los cooperativistas que no podían pagar el dinero necesario para la construcción, lo equivalían con horas de trabajo.

Junto con las credenciales, los Márquez tenían también guardados los recibos de trabajo comunal, en donde especificaban cuántas horas había trabajado cada persona en la cooperativa y su equivalente en dinero.

Credencial y recibo de trabajo en Palo Alto

Credencial y recibo de trabajo.
Cortesía de Fabiola Cabrera.

En una segunda visita a Palo Alto, ahora sí a comer, conocí al arquitecto Enrique Ortiz, pionero de la producción social de vivienda en México, y uno de los personajes involucrados en el diseño de Palo Alto. Había escuchado hablar de él en la cooperativa; me impresionó que la siguiera frecuentando tantos años después.

En esta visita me quedó clarísimo la importancia de las mujeres y su destacado papel, no sólo en el proceso de construcción sino también en la organización de la cooperativa. En la comida estaban varias de las cooperativistas de antaño platicando anécdotas de sus hazañas en la defensa de su colonia. Mientras escuchábamos estos relatos, sus vecinos afirmaban con la cabeza, recordando con ellas sus miles de historias.

Retratos mujeres de Palo Alto

Retratos mujeres.
Fotografía: Livia Radwanski (2016).
Mujeres en Palo Alto.
Mujeres en Palo Alto conmemorando la toma de posesión de la tierra.
Cortesía de Fabiola Cabrera.

No es casualidad que una de las fotos más relevantes de la muestra fue la de un grupo de mujeres mayores partiendo un pastel para conmemorar “la toma de la tierra”, a más de cuarenta años del día que un juez falló en contra de su desalojo y los vecinos de Palo Alto se consolidaron como una cooperativa de vivienda.

Este tipo de proyectos, entre comunidades organizadas y arquitectos, se comenzaron a desarrollar en el país en los años setenta y presentan distintas aproximaciones de hacer vivienda que incluyen sistemas de construcción participativa, de crecimiento progresivo y de financiamiento comunitario. Palo Alto es un ejemplo claro de que existen alternativas a las unidades habitacionales del estado, los proyectos que realiza la iniciativa privada —con consecuencias atroces para nuestras ciudades— y los asentamientos irregulares en las periferias de las ciudades.

Definitivamente nadie nunca se imaginaría que entre tantos edificios corporativos y vecindarios de lujo exista un lugar como esta cooperativa, y que además pase tan desapercibida. Pero ahora, después de tantos años, ya sé que el edificio conocido como “El pantalón” enmarca majestuosamente a Palo Alto.

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EL ARQUI TIENE EL INTERÉS DE DAR A CONOCER NUESTRA PASIÓN, LA ARQUITECTURA, DE UNA MANERA DIFERENTE, CURIOSA, INTERESANTE, ESE ES SU COMPROMISO.

Written by El Arqui

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