¿Y qué?

 

Por Rodrigo Velasco

El Pritzker y el triunfo sobre libertinaje plástico.

Como cada Marzo es difícil poder centrarse en un tema diferente dentro del mundo de la Arquitectura que el de la entrega del Premio Pritzker. Éste se hace a principio del mes y tiene como objetivo honrar en vida a un arquitecto por su destacada obra. Y aunque es en este mes cuando ocurre, esto no detiene la especulación que se desata uno o dos meses antes, se hacen votaciones sobre quién es el arquitecto que debe ganarlo este año y todos dan su opinión. Pero por más información que se tenga, el mal llamado “Nobel de la Arquitectura”, sorprende y se convierte en un evento donde por un día, el mundo entero pone los ojos en la arquitectura…y todos nos quejamos de que otra vez no se lo dieron a Steven Holl.

Al menos de que viva en una cueva, estimado lector, y no se haya enterado, el Premio Pritzker 2018, fue Ballkrishna Doshi; el primer arquitecto Indio en recibir el dicho galardón y con 90 años, el más longevo también. Influenciado principalmente por Le Corbusier con quien trabajó a principios de los 50, decidió regresar a su país natal en 1956 para abrir su estudio Vastushilpa en Ahmedabad, India. Su trabajo tiene, además la huella que “el cuervo” le heredó, una fuerte responsabilidad social que se une a la historia y tradición india. Para Doshi, como se le llama comúnmente, la arquitectura es un organismo vivo, es el lugar donde se vive y se celebra la vida, una extensión del cuerpo que se relaciona con el exterior; la temperatura, el paisaje, la ciudad, en sus palabras: “Todos los objetos que nos rodean, como la naturaleza misma -luces, cielo, agua y tormenta-, todo es una sinfonía. Y esa sinfonía es de lo que se trata la arquitectura. Mi trabajo es la historia de mi vida, continuamente en evolución, cambiando y buscando… buscando eliminar el papel de la arquitectura y mirar solo a la vida”.

En mi opinión, la importancia del anuncio de este año se acentúa por sus más recientes predecesores; RCR (2017) siendo la oficina local de arquitectura que armoniza la materialidad y la transparencia, con una gran relación con el terreno, entendiéndolo como la materia prima de su obra. Alejandro Aravena (2016) con una preocupación social, donde la arquitectura es una herramienta para empezar a resolver dificultades que van intrínsecamente ligadas a los problemas financieros de América Latina. Frei Otto (2015), el cual creo más cercano al ganador de este año al ser un Pritzker dado a la trayectoria de una vida, es la figura del arquitecto consumado, con una producción, cuyas cubiertas y el espacio debajo de ellas han sido referencia hasta el día de hoy y el cual ha sido el único premio póstumo, ya que falleció unos días antes de ser anunciado. Y por último Shigeru Ban (2014), el arquitecto que responde a la emergencia creativa e inteligente, con materiales poco ortodoxos y cercano a la tradición japonesa. Todos ellos, incluyendo a Doshi, tienen un asunto en común; generan arquitectura de contenido más allá de producir edificios, cuya función pasa a segundo término contra la forma. Todos ellos hacen un verdadero ejercicio intelectual para poner su arquitectura al servicio del hombre y no al capricho de la fotografía.

Lo que ha pasado a la arquitectura en estos últimos años ha sido una crisis, de alguna manera influenciada por la sociedad del espectáculo, dando prioridad a la imagen y desplazando el pensamiento, la sustancia conceptual y el contenido a un segundo plano. Es grato ver como aunque sea el ideal ha regresado a un verdadero estándar.

Coincidiendo con Freddy Massad sobre la decisión del jurado de este año: “Esta vez el jurado del premio Pritzker ha acertado, no sólo por la elección de este valioso arquitecto sino por haber cumplido con el que debiera ser el fundamental principio de un galardón instaurado para destacar la trascendencia de una carrera individual, alejándose por fin de lo previsible y las modas.” Esperemos que con el tiempo se demuestre, que si no han terminado, al menos se han pausado esos tiempos en el que el arquitecto decidió sacrificar el valor social que incluye en su profesión, por un libertinaje plástico. La arquitectura busca, o al menos así se refleja con decisiones como estos últimos reconocimientos, el recobrar ese lugar perdido y ahora trata de volver a figurar y tener el valor que tenía dentro de una sociedad que ha aprendido a sobrevivir sin ella.

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Arquitecto inquieto y melómano. Director creativo en 19n99w

Written by Rodrigo Velasco

Arquitecto inquieto y melómano. Director creativo en 19n99w

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